En una travesía por parte de Sudamérica la investigadora Celina Domínguez se ha venido acercando a diferentes procesos de educación alternativa. En Ecuador descubrió un espacio para niños llamado La Casa Octogonal. Allí se encontró con los textos de Rebeca Wild, y esta nota intenta profundizar sobre algunos objetivos de la pedagogía activa.

“Los organismos jóvenes, no maduros, deben crecer en un entorno preparado para ellos mismos, en el que estarán protegidos y cuidados de acuerdo a su especie. El caos es parte del desarrollo de todo organismo.”

Este es el cuarto  proyecto integral de Pedagogía Activa que visito en el año… El primero, en el verano, fue un análisis institucional de “La Casita Perú”. Luego tuve la oportunidad de ser acompañante en “Mares Pedagogía”, ambos proyectos en Lima. Compartí un par de semanas en Huaraz, como observadora en “Semillas de vida”, y presencié algunas actividades del Festival Andino de Arte Visionario y Sostenibilidad. Estoy saliendo de la “Casa Octogonal” (Montañita, Ecuador), un proyecto familiar, más cercano -por ahora- al homeschooling, y con ganas de seguir creciendo. Camilo y Sofía han tenido momentos de formación con Margarita, Édgar y Esperanza, del Grupo Orión, quienes han vivido en “León Dormido”, proyecto pionero de pedagogía activa en América Latina, a la vez que ejemplo internacional -me animo a opinar-, con 25 años funcionando cerca de Quito, Ecuador.

Me encuentro con bibliografía de los Wild… Rebeca Wild -alemana, filóloga, docente de música, formada en Pedagogía Montessori en el extranjero- reside en Ecuador desde 1961 y fundó, junto a su marido, Mauricio, un novedoso centro para preescolares, escolares y adultos llamado “El Pesta” (reconocimiento al pedagogo suizo Johannes Heinrich Pestalozzi).

El objetivo principal de las Pedagogías Activas es el respeto de los procesos de vida y el desarrollo auténtico que resulta de la interacción entre el organismo y su entorno. La propuesta concreta es que el docente acompañe al niño en sus actividades brindando espacios preparados y relajados para su aprendizaje.

EL SUJETO COMO UN ORGANISMO

Los Wild se basan en un modelo biologisista entendiendo al sujeto como organismo. El organismo infantil desarrolla sus propios instrumentos biológicos para poder pensar de forma lógica y concreta dada la interacción concreta con su entorno. Cuando un niño nace su estructura neurológica más interna, el llamado sistema reticular ya ha alcanzado un estado de desarrollo suficiente que basta para controlar la supervivencia de su organismo desde adentro. Esto, en el niño humano, como en todos los seres vivos superiores, conlleva, sin duda, como consecuencia, la necesidad de un entorno apto para “animales jóvenes”.

“Poner límites de forma respetuosa significa detener lo que estamos haciendo, acercarnos al niño, “hacernos pequeños” como para establecer contacto visual o corporal y pronunciar el límite. “Con esto no se puede jugar así”… “No puedes golpearme”… Etcétera”

Los organismos jóvenes, no maduros, deben crecer en un entorno preparado para ellos mismos, en el que estarán protegidos y cuidados de acuerdo a su especie. El caos es parte del desarrollo de todo organismo. Lo que el cachorro de ser humano necesitaría es que el caos se gradúe, siendo necesario, en un primer momento, un entorno relajado.

“En los siete u ocho años posteriores al nacimiento, va madurando la siguiente estructura neurológica, el llamado sistema límbico o ‘mamífero’ que también pertenece al ‘cerebro antiguo’ e igualmente está dotado de patrones de comportamiento fijos. Estos se transfieren a todos los recién nacidos por la memoria de las experiencias de su especie, pero deben activarse poco a poco mediante su interacción personal con el medio ambiente. Los instintos e innumerables acciones inconscientes, pero perfectamente eficientes, emanan del tesoro de estas conexiones interiores que se crearon en tiempos arcaicos que son activados ahora, siempre que las circunstancias lo permitan o lo requieran. La importancia de estos circuitos cerrados internos que pueden activar procesos complejos mediante redes muy determinadas continúa siendo objeto de investigaciones neurológicas. Los conocimientos que de ello se han extraído se aprovechan para muchos objetivos y se derivan para finalidades ajenas, por ejemplo, mediante una publicidad sofisticada que, de forma totalmente astuta, manipula los deseos y las sensaciones. No podría ser de otra manera, en esta sociedad nuestra, con las prioridades oportunistas de obtener ganancia.”

NECESIDAD, DEMANDA Y DESEO

Los Wild plantean que son las necesidades auténticas las que guían el aprendizaje. Por esto, la vivencia de límites, cuando no significa impedir o sustituir la actividad espontánea, pertenece a las necesidades auténticas. Las necesidades auténticas son el plan interior que, como toda función, organiza la capacidad de tomar decisiones. El desarrollo será satisfactorio si las circunstancias favorecen el proceso de respetar las necesidades auténticas del niño. El niño debe aprender a tomar decisiones.

La necesidad es una carencia que se satisface por una condición absoluta del objeto. Condición absoluta que los animales mantienen con el otro de la especie o con el entorno. Así, el hambre, la sed, el sexo implican una falta que exige un complemento particular, un vínculo con el otro. Alguien que muere de hambre es in-humano porque queda reducido a la necesidad insatisfecha.

La diferencia entre animal y hombre es el habla. Para Lacan, el sujeto es un “parlettre” de quien ya se está hablando antes de nacer, que ya es hablado; alguien que está tanto en la dimensión de la palabra como en la del discurso. Le preexiste un sistema articulado. Entonces, el sujeto habla, se le habla y es hablado.

“El objeto de la necesidad es pulverizado por la dimensión del lenguaje: ahora lo que importa no es el objeto sino el signo de amor. Por lo tanto el habla introduce una forma particular de pérdida en el mundo; hablar es desvanecer el objeto, porque uno siempre le habla a alguien.” (2)

 

El habla hace que el sujeto no se rija por la necesidad sino por la dimensión de la demanda. La demanda es el pasaje de la necesidad al aparato del lenguaje. O sea, la necesidad se traduce en la palabra como demanda. Un hablar es hablado de algo a alguien; nunca más es pura necesidad. La necesidad queda traducida en la función de la palabra como demanda y la demanda aliena a la necesidad. La demanda sustituye a la necesidad, la metaforiza. La demanda es la metáfora de la necesidad, y la demanda no es pura, es demanda de algo, pero siempre de otra cosa; demanda de amor. Como resultado del pasaje de la necesidad a la demanda aparece el deseo.

“La demanda es, en definitiva, una demanda de amor, y, por ende, es imposible de satisfacer. La demanda siempre tiene que ver con un objeto; en cambio, el deseo tiene que ver con nada, el objeto es la falta.” (3)

 

La demanda articulada implica al deseo. El deseo no puede ser todo dicho; es dicho entre líneas; no puede decirse todo. Por eso, el deseo busca la satisfacción y no la encuentra. El deseo es búsqueda metonímica sin satisfacción completa; siempre es deseo de otra cosa. No es articulable porque siempre es insatisfecho. El deseo es histérico en tanto no satisfecho se sostiene; es metonimia de la demanda. Pero algo va poniendo coto al deseo para poder regirnos por el principio del placer. El principio del placer es acotado, limitado.

LIMITES

Rebeca Wild señala que la vida orgánica está limitada. Todo organismo está separado de su entorno por una membrana semi permeable. Vivir es estar limitado. El límite posibilita el desarrollo, distingue el exterior del interior, posibilita la cooperación auténtica con otros organismos. Para una vida sana, necesitamos una piel exterior, una membrana emocional y cognitiva en buen estado. Los limites no delimitan en modo alguno la creatividad, sino que la despiertan. Sin límites claros, no sólo nos sentimos inseguros sino ignorantes de cómo está formada la realidad concreta. Necesitamos límites tanto físicos -de la realidad exterior-, como las normas de la convivencia social de toda cultura. Poner límites de forma respetuosa significa detener lo que estamos haciendo, acercarnos al niño, “hacernos pequeños” como para establecer contacto visual o corporal y pronunciar el límite. “Con esto no se puede jugar así”… “No puedes golpearme”… Etcétera

Si el niño experimenta desde pequeño que los adultos acompañan todas las empresas importantes con palabras de forma sencilla y clara, más adelante ya no necesitará ninguna instrucción.

Algunos de los límites concretos del Pesta son:

  • No se permite que los mayores ni los pequeños se hagan daño físico ni que se insulten verbalmente. Tampoco se deja que rompan material intencionalmente.
  • Cualquier material debe ser devuelto a su sitio después de haber sido utilizado,
  • No se arrebata material a nadie y sólo podrá utilizarlo con su previo consentimiento.
  • Los desperdicios van a la papelera.
  • En el interior de la casa no se puede comer, saltar o gritar.
  • Sólo se come en las zonas a tal efecto.
  • No se sientan en la mesa ni se suben en las sillas.
  • No dejan que alguien moleste a los que participan en actividades de grupo voluntarias.
  • Todas las actividades son voluntarias.
  • Los niños de nivel inicial no entran a primaria. Pero los de primaria pueden entrar a inicial con algunas condiciones de comportamiento.
  • No se permite que uno se entrometa en la actividad de otro.
  • En el espacio de matemática o idioma, los niños trabajan de forma individual.
  • Las comidas son en horario fijo durante el transcurso del día brindando puntos de apoyo fiables.

Los límites de un jardín de infantes o de una escuela libre son parecidos a los del hogar, aunque en un sentido algo distinto. Si el entorno está bien preparado, incluirá numerosos elementos, nada o poco estructurados, en cuya manipulación los límites son amplios y la vivencia de la libertad fundamental: el agua, la arena, zonas con jardines, todo tipo de materiales para trabajar y experimentar.

En primaria, a los niños les siguen encantando los juegos representativos, pero sienten la necesidad de cambiar los roles con más frecuencia. Además, ésta es la etapa en la que descubren muchos juegos nuevos con sus correspondientes reglas, igualmente modificables. Organizan y varían los juegos libres y descubren la satisfacción que les dan todo tipo de juegos estructurados con reglas establecidas. Se interesan por las instrucciones, las leen con atención o piden a otros que se las expliquen. Modifican reglas. El niño, de a poco, se hace cargo de él por sí solo. Para ello es necesario -en la fase operativa, gracias a muchas experiencias concretas- poder estructurar el pensamiento lógico de “causa y efecto” y con todas las relaciones cada vez más complejas entre las cosas y los acontecimientos.

En El Pesta, todas las semanas hay una asamblea para los niños de primaria y otra para los alumnos de secundaria. Estas reuniones son dirigidas por el equipo “presidente” elegido. Los adultos tienen derecho a voto como todos los demás. Se reparten responsabilidades semanales, se divulgan noticias, se debaten las reglas de la casa, se escuchan quejas y se acuerdan las sanciones para el caso de que alguna regla no se haya cumplido. Es la única actividad obligatoria; todas las demás son voluntarias. Los niños mayores de primaria disfrutan de estas circunstancias especiales en las que pueden practicar hacer reglas en un marco amplio. En el caso de adolescentes, las reuniones semanales transcurren ya a un nivel más diferenciado. Organizan la convivencia, proponen actividades conjuntas, discuten.

 

“Esta manera de vivir con creatividad está estrechamente relacionada con la vivencia de libertad y de alegría de vivir. Sin embargo, la creatividad se da en el límite entre caos y orden. Si no tenemos ninguna comprensión acerca de la importancia que tienen los límites en la maduración humana, sólo quedan dos opciones: o se vuelve a los viejos métodos que mendigan obediencia, o la vida con los niños se convierte en un estrés insoportable. Esto significa que nos tenemos que exponer a una contradicción aparente: por un lado, el ser humano se desarrolla y llega a realizarse siguiendo su ‘impulso interior’ de interacción libre y creativa con el mundo, crear orden del desorden, y de éste, a su vez, un propio orden. Por otro lado, en toda esta agitación, debe toparse a la fuerza con límites, con los límites naturales de su propio cuerpo y de la condición física del mundo. Pero también con limites sociales: las costumbres y lo que concuerda o no concuerda con cada circunstancia.” (4)

Si el niño no puede organizarse solo en dos semanas, por ejemplo, se lo invita a recibir ayuda; limitan, así, la alternativa. Si no puede cumplirlo, entonces se le plantea la actividad de otra forma. El niño experimenta poco a poco que perderá libertad si no asume ninguna responsabilidad. Lo importante, según Rebeca, es que pueda seguir eligiendo su actividad entre una enorme oferta de materiales y que comience a experimentar la sensación de satisfacción y de bienestar al hacerse cago por sí mismo.

Sabemos que la satisfacción sin límite genera goce, por lo tanto, se padece. Sabemos que la represión es necesaria para poner un coto a la satisfacción pulsional. Entonces, la pregunta se repite: ¿Cómo hacerlo? Sabemos también que la violencia sólo genera mayor angustia y no promueve un sujeto confiado. Es el Otro quien debe sostener los pasajes y los límites a los niños hasta lograr una estructura de personalidad más estable.
“Los Wild plantean que son las necesidades auténticas las que guían el aprendizaje. Por esto, la vivencia de límites, cuando no significa impedir o sustituir la actividad espontánea, pertenece a las necesidades auténticas… El niño debe aprender a tomar decisiones”Tooltip Text

En 1900, Freud planteó que las estructuras psíquicas básicas son la neurosis y la psicosis. El sujeto se va estructurando a partir del desarrollo pulsional que juega con el agente de satisfacción externo, en un primer momento, la madre. Hoy la fragmentación de la información de los medios masivos, la tecnología, las grandes diferencias sociales, económicas y culturales promueven una estructura de borde. Los niños y los docentes tambalean. El sistema, como un secreto a voces, es obsoleto. Acompañemos a los niños de otra manera. Toca reinventarnos.

 


NOTAS

1 – Rebeca Wild. Libertad y límites. Amor y Respeto. Lo que los niños necesitan de nosotros. 2003. Ed. Herde (página 156)
2 – Lacan. Seminario 10. La Angustia. Ed. Paidós. Año 1962-1963. (página 77)

3 – Lacan. Seminario 10. La Angustia. Ed. Paidós. Año 1962-1963 (página 77)
4 – Rebeca Wild. Libertad y límites. Amor y Respeto. Lo que los niños necesitan de nosotros. 2003. Ed. Herde. (página 160).